Mi Testimonio

Fui criado en una familia religiosa. Siempre asistía a la iglesia. Cuando era adolescente, asistía hasta 6 días por semana. Cuando terminé la preparatoria, recibí una beca por 4 años a la universidad. Me acuerdo cuando leí la carta que había ganado la beca, me dije: “¿ Y luego ? “ No sentí nada. Pero, cuando vi mi madre afuera tendiendo la ropa, fui corriendo y gritando: “ ¡ Gané la beca ! Gané la beca ! “ En verdad NO estaba feliz. Había un vacío en mi corazón. En mi primer año de estudios saqué excelentes calificaciones en la matemática y ciencias químicas. Pero tenía muchos problemas como persona. Viviendo con muchachos con la misma beca, empecé a contar los chistes colorados y usar palabras feas. Cada quince días teníamos fiesta y me emborrachaba. También hacía un uso incorrecto del sexo. Era egoísta y orgulloso. Sin embargo, nunca faltaba de asistir a la iglesia cada domingo. Sabia que era perdido y iba ir al infierno. De vez en cuando hacía un esfuerzo para mejorar mi vida. Me portaba muy bien por 8 o 15 días, pero como no aguantaba más, volvía de mal en peor. En noviembre del segundo año fue un partido especial de fútbol y me puse tan borracho que no pude ir por mi invitada al baile hasta las once de la noche. El día siguiente amanecí con una cruda horrible. Fui al último servicio de la iglesia. En lunes fui a confesar. Lunes por la noche fue una reunión de la fraternidad. El presidente nos dijo que íbamos a pasar al salón de la casa para escuchar una presentación religiosa. Como creía mucho en mi iglesia, me dije a mi mismo: “ No voy a asistir.” Luego nos dijo el presidente: “ Y si alguien no asista, tendrá una multa. “ Entonces me dije: “ Voy a asistir. “ Primero nos hablaron tres muchachos más o menos de mi edad. Yo tenía 19 años. Cada uno decía como era su vida -- no amaba a los demás, tenía malos hábitos, y tenía miedo de morirse e irse al infierno. Luego dijeron como recibieron a Cristo en sus vidas y sus vidas fueron cambiadas. No entendía todo lo que nos decían, pero podía sentir que tenían algún contacto con Dios. El cuarto muchacho nos habló de la Biblia, y yo no entendía nada hasta casi el fin. Citó de San Juan 1:12 donde dice: “ Mas a todos los que recibieron a Cristo, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. “ Esta palabra ‘potestad’ penetró en mi corazón. Me hacía mucha falta el poder de ser una persona mejor. Yo sé el dicho: “El querer es el poder. “ A mí me faltaba el poder. Siendo un científico, decidí hacer “un experimento” con Cristo. Iba a invitarle en mi vida para ver si me pudiera cambiar. Como nos guió el muchacho, oré más o menos así: “Dios, he pecado contra ti. Jesucristo, te invito en mi corazón. Perdóname mis pecados. Cámbiame. Ayúdame a conocerte y a vivir con tu poder. Amén. “ No sentí nada. No oí voces de ángeles. Ni vi una visión de Dios. El día siguiente cuando hablé personalmente con los muchachos, me ayudaron asegurarme que Cristo estaba en mi. “ ¿ Ya sabes que Cristo está en ti ?” “No sé.” le contesté. “¿Qué dice aquí Jesús?” señalando en la Biblia Apocalipsis 3:20. Leí: “He aquí, estoy a la puerta y llamo, si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré a él...” Me preguntó: “ ¿ Invitaste a Cristo en tu corazón ? “ Le dije que sí. “Según este versículo, ¿dónde está Cristo?” En ese instante se me prendió el foco. “¡ ESTÁ EN MÍ !” les dije. Ya supe que Cristo estaba en mi. Desde ese día, nunca he vuelto a la borrachera. En 15 días, Cristo cambió mi vocabulario. Y en 4 semanas estaba libre del mal uso del sexo que me había dominaba por 4 años. Y no sólo me liberó de lo malo, sino que me dio de sus bienes. Un gozo interior que jamás había experimentado y la certeza de irme al cielo con El cuando me muera. También cambió mis metas en la vida. Desde entonces he vivido para que otros vengan a conocer a Cristo como yo. Esto lo he hecho por varias formas. En los últimos tres años, el Señor ha abierto muchas puertas para que a través de las conferencias creacionistas (también de los dinosaurios, el diluvio y los O.V.N.I.S) muchas personas han recibido a Cristo como su Salvador y Señor. A través de las conferencias en vivo o en video, los cristianos han sido fortalecidos en su fe en la Biblia. Esto está sucediendo en 15 países latinoamericanos, en España y en Zimbabwe, Africa.